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DE LA "LECTURA", EL "PENSAMIENTO" Y LA "ORACIÓN",
TRES HÁBITOS QUE HA DE DESARROLLAR EL PRINCIPIANTE EN LA CONTEMPLACIÓN
No obstante, todo aquel que aspira a la
contemplación ha de cultivar el Estudio,
la Reflexión y la Oración, o dicho de otra manera, la
lectura, el pensamiento y la oración. Otros han escrito sobre estas disciplinas
con más detenimiento de lo que yo puedo hacer aquí, por eso no hay necesidad de
que trate de ellas ahora en detalle. Pero diré esto a los que puedan leer este
libro, tanto principiantes como un poco avanzados (aunque no a los muy expertos
en la contemplación): estas tres cosas son tan interdependientes que es
imposible pensar sin primero leer o -lo que es lo mismo- haber oído leer a
otros. Pues la lectura y la audición son realmente una misma cosa; los
sacerdotes aprenden leyendo libros y los no letrados aprenden de los sacerdotes
que predican la Palabra de Dios. Los principiantes y los poco avanzados que no
se esfuerzan por meditar la Palabra de Dios no deberían sorprenderse si son
incapaces de orar. La experiencia confirma esto.
La Palabra de Dios hablada o escrita, es
como un espejo, La razón es tu ojo espiritual, y la conciencia tu semblante
espiritual. Y así como empleas un espejo para detectar un defecto en tu persona
-y sin un espejo o alguien que te diga dónde está la mota no podrías
descubrirla-, de la misma manera, en el orden espiritual, sin la lectura o la
audición de la Palabra de Dios, el hombre, ciego espiritualmente a causa de su
pecado habitual, es incapaz de ver la mancha en su conciencia.
Cuando una persona descubre en el espejo
-o se entera por otra- que su cara está sucia, va inmediatamente a la fuente y
se lava. De la misma manera, cuando un hombre de buena voluntad se ve a sí
mismo reflejado por las Escrituras o por la predicación de otros y se da cuenta
de que su conciencia está manchada, corre inmediatamente a limpiarse. Si es una
mala obra particular la que descubre, entonces la fuente que ha de buscar es la
Iglesia y el agua que de aplicarse es la Confesión según la costumbre de la
Iglesia. Pero si es la raíz ciega y la tendencia al pecado lo que ve, entonces
la fuente que debe buscar es el Dios de toda misericordia y el agua que ha de
emplear es la oración con todo lo que esto supone.
Por eso quiero que entiendas con
claridad que para los principiantes y los poco avanzados en la contemplación,
la lectura o la escucha ponderada de la Palabra de Dios ha de ser lo primero,
ya que sin un tiempo consagrado a la reflexión seria no puede haber oración
genuina.
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